Durante muchos años, nuestro Fundador se abandonó completamente en la Providencia divina, sin pedir nada. Más adelante, también como manifestación de su sentido de la filiación divina, se hizo muy pedigüeño, como los niños chicos que no cesan de reclamar mil cosas de sus padres.

Los dos caminos son igualmente estupendos. Lo importante es dejarse conducir por el Espíritu Santo. En estos momentos, hijas e hijos míos, Dios desea que le pidáis por mis intenciones, rezando con frecuencia -¡decenas de veces cada día!- la oración para la devoción privada a nuestro queridísimo Fundador.