Al agradecer a la Trinidad Beatísima mi próxima ordenación episcopal, no olvidéis, hijas e hijos míos, que este nuevo regalo de Dios a la Obra ha sido posible gracias a la fidelidad de nuestro amadísimo Fundador.
Vamos a imitar a nuestro Padre en esa heroica fidelidad: en su profunda y sincera humildad, en su entrega hasta el holocausto, en su ardiente celo por la gloria de Dios. De este modo seremos eficaces en el servicio del Señor y nuestras redes se llenarán de abundantes frutos sobrenaturales. ¡Que seamos fieles! Es lo que suplico ardientemente al Espíritu Santo, recurriendo a la intercesión maternal de Santa María y a nuestro Padre y Señor San José.