Acudid a la intercesión de nuestro Padre para todo: en lo grande y en lo pequeño, en lo importante y en lo que parece de poca monta. Acudid con fe y confianza. Si alguna vez pensáis que no os escucha, estad seguros de que os equivocáis; será que no pedís lo que es más conveniente para la gloria de Dios, o que habéis de ser más perseverantes en vuestra oración.