No olvidéis, hijos míos, que el camino para llegar la Cielo pasa por la puerta angosta de la mortificación. Hemos de practicar con empeño la abnegación de la inteligencia: la templanza y la humildad
No olvidéis, hijos míos, que el camino para llegar la Cielo pasa por la puerta angosta de la mortificación. Hemos de practicar con empeño la abnegación de la inteligencia: la templanza y la humildad