Yo no puedo daros el Cielo, hijos míos, pero si estáis unidos a mi y sois fieles en la lucha cotidiana, en las cosas pequeñas de cada jornada, os lo prometo en nombre de Dios, como hacía tantas veces nuestro Padre. ¡A ser fieles, hijos!, que después nos espera el Amor que no termina nunca.