Hijos mío, renovad frecuentemente el propósito de ofrecer a la Santísima Virgen, a lo largo de la jornada, un ramillete de jaculatorias, de pequeñas mortificaciones, de ratos de trabajo. Y si alguna vez llegáis a la noche con las manos vacías, presentadle vuestra compunción, unida al propósito de luchar más al día siguiente.