Hay que estar vigilantes, porque es muy fácil encontrar excusas aparentemente buenas, nobles, para quedarse en casa, en lugar de salir a buscar a las almas. Cada día hemos de procurar que no falte alguna acción concreta de trato personal de amistad y confidencia. Por eso, en el examen de conciencia vemos con qué espíritu de sacrificio hemos vencido la pereza y hemos ganado tiempo para el apostolado. Y, además, en la charla fraterna hablamos siempre de la labor de San Rafael o de San Gabriel que hemos realizado.