Regina coeli, laetare, alleluia! ¡Con qué devoción rezaba nuestro Padre esta oración, propia del tiempo pascual! Nos alegramos con la Santísima Virgen, exultamos con la felicidad de la Madre por la Resurrección de su Hijo, y le pedimos que nos haga apóstoles fieles, sembradores de la paz y la alegría de Jesucristo.