Muchas veces pienso, hijos míos, que el Señor tiene derecho a exigirnos un particular sentido de responsabilidad, porque somos la primera generación que ha recogido la herencia de nuestro Padre: tenemos un especial deber de ejemplaridad hacia los que vendrán después. Y esto no es una razón humana, sino sobrenatural. ¡Es amor a la Obra, que es siempre y sólo amor a Dios!