Nuestra vocación nos lleva a amar el mundo, sin ser mundanos. Por tanto, hemos de vivir sin miedo, pero sin acostumbrarnos, al ambiente que nos rodea: con optimismo y espíritu de desagravio.
Nuestra vocación nos lleva a amar el mundo, sin ser mundanos. Por tanto, hemos de vivir sin miedo, pero sin acostumbrarnos, al ambiente que nos rodea: con optimismo y espíritu de desagravio.