Al finalizar el Año Mariano, en el que todos nos hemos esforzado por tratar más a la Santísima Virgen, suplico a Nuestro Señor que cada uno de los fieles del Opus Dei, siguiendo los pasos de nuestro queridísimo y santo Fundador -que amó con locura a la Madre de Dios-, sepamos convertir nuestra vida entera, hasta el último de nuestros días, en un canto de alabanza y de amor a la Madre del Cielo y en un apostolado continuo, para llevar las almas a la intimidad con el Señor por la intercesión de Santa María.