Las madres buenas de la tierra se llenan de contento cuando sus hijos solicitan su ayuda, aunque sean ya mayores. La Virgen Santísima es Madre nuestra, y nos quiere -a cada una, a cada uno- más que todas las madres de la tierra pueden querer a sus hijos. Hemos de acudir constantemente a Ella, como hijos pequeños y necesitados: agradecer sus regalos y pedirle mercedes. De este modo, hablando humanamente, la llenamos de alegría.