Al cumplirse tres lustros desde que el Señor quiso poner sobre mis hombros esta carga suave y ligera del Opus Dei, alzo mi corazón en reconocimiento a la Trinidad Beatísima y pido perdón por cuanto no haya sabido corresponder. Ayudadme, hijas e hijos míos, a reparar y a agradecer, y uníos con perseverancia e intensidad a las intenciones que cada día presento a Dios en la Santa Misa, sirviéndome de la intercesión de Santa María, de San José, de los Ángeles y también de nuestro amadísimo Padre.