Nuestro Padre daba una importancia extraordinaria a la práctica de la corrección fraterna, con la que se asegura el buen espíritu en la Obra. Por eso, si en algún lugar se descuidara o se ejercitara poco, a mí me dolería muchísimo. No es posible amar a Dios sin querer al prójimo. Y el cariño a quienes están más próximos a nosotros, a nuestros hermanos, se manifiesta necesariamente, entre otras cosas, en la práctica habitual de la corrección fraterna.