El buen humor de los hijos de Dios está siempre lleno de delicadeza humana y de sentido sobrenatural. En todo busca hacer grata la vida a los demás; por eso sabe acomodarse al temperamento y a las circunstancias ajenas, y renunciar a una broma o a una frase brillante, si con eso pudiera faltarse de algún modo a la caridad.