Nuestro Padre nos enseñó a ser pedigüeños en la oración, a acudir al Señor y a la Virgen con confianza filial en todas nuestras necesidades.

Al mismo tiempo, nos mostró con su ejemplo que la petición ha de estar respaldada por la firme decisión de cumplir siempre y en todo la Voluntad de nuestro Padre Dios. Por eso, ser pedigüeños en la oración nos llevará necesariamente a formular propósitos de mejora. Solicitamos ayuda y escuchamos a Dios, que nos pregunta: tú, ¿qué más puedes hacer?