¿En qué pienso a los largo del día¿Permito el monólogo interior, o busco el diálogo con Dios?. ¿Rechazo inmediatamente los pensamientos de soberbia, de vanidad, de envidia, de sensualidad, o dejo que empañen los ojos de mi alma?. Recuerda las palabras del Señor: bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt, 5, 8). Esos pensamientos más o menos consentidos serían viles traiciones, que un corazón enamorado y leal no debe admitir.