Si nuestro Padre se vuelca de este modo con tantas persona, para nosotros desconocidas, que recurren a su auxilio, ¿qué no hará por sus hijos, por los Cooperadores y amigos del Opus Dei, por todos cuantos se esfuerzan por vivir su mismo espíritu?. Estad seguros de que cada uno de nosotros ocupa un lugar de predilección en el corazón de nuestro Padre. Si se esforzó heroicamente en la práctica de la virtud del orden, en el ejercicio de la caridad, también  ahora actúa así, viviendo en el Cielo: primero, sus hijos.