No permitáis que la escuela -en los distinto niveles de la enseñanza- quede, por culpable inhibición, en manos que envenenarán el alma de vuestros hijos o de los hijos de tantas otras familias. Sed fermento, sal y luz, en la sociedad civil, que está en no poco sitios tan corrompida y oscura, y que por eso no da los peculiares frutos de santidad -hijos para Dios-, que el Señor espera.