Cuando por bondad de Dios celebramos los sesenta años de la fundación del Opus Dei, al ver cuajada la Obra en almas de tantas razas, lenguas y naciones, elevamos al Cielo un cantar nuevo: el que componen nuestros deseos de fidelidad constantemente renovados, aunque a veces resuene también el contrapunto de las flaquezas personales. Esta nueva etapa que comienza ha de llevarnos, hijas e hijos míos, a confiar más en el Señor. Es Él quien saca la Obra adelante, sirviéndose de estos pobres instrumentos que somos cada uno de nosotros: del esfuerzo diario por seguirle de cerca, del empeño cotidiano en la realización del trabajo profesional, de un afán apostólico constante que no conoce tregua, de nuestra lucha para encarnar fielmente el espíritu que nos dejó esculpido nuestro queridísimo Fundador, que sigue dirigiendo la Obra desde el Cielo. ...