Al cumplirse el sesenta aniversario del momento en que el Señor manifestó a nuestro Padre con plena claridad que también debía haber mujeres en el Opus Dei, agradezcamos este don divino, que hace posible que la Obra sea un instrumento eficacísimo en el servicio de la Iglesia y de las almas. Demos gracias con palabras y con obras, con nuestra vida entera, y especialmente con el empeño -renovado en cada jornada- por ser muy fieles al espíritu del Opus Dei. Es ésta la mejor salvaguardia de nuestra unidad, que Dios mismo puso como sello de la Obra el 14 de febrero de 1943, y que la Iglesia ratificó solemnemente al erigir la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.