Al cumplirse tres lustros del tránsito al Cielo de nuestro Padre, contemplando las maravillas que el Señor realiza en millones de almas por intercesión de su Venerable Siervo Josemaría, alzo mi corazón a nuestro Fundador y le digo: ¡Padre, haz que tus hijas y tus hijos caminemos fielmente, día tras día, por la senda de santidad que, con la gracia divina, has abierto en medio del mundo; y que una muchedumbre incontable de personas siga en todas partes esos mismos pasos, para gloria de Dios y para bien de la lglesia!