Al encomendarnos la custodia de las sagradas reliquias del Beato Josemaría, que son ya patrimonio de todos los cristianos, nuestra Madre la Iglesia espera de nosotros una acendrada fidelidad al espíritu de la Obra. Este es, hijas e hijos míos, el gran tesoro que hemos recibido de nuestro Padre, que hemos de vivir y transmitir íntegro e intacto a los que vendrán después de nosotros.