En medio de sus muchas ocupaciones, nuestro Fundador entregó lo mejor de su tiempo y de sus energías a preparar y a formar a las personas que se reunían a su alrededor. Siguiendo su ejemplo, todas en la Obra -los jóvenes y los menos jóvenes- hemos de dedicarnos a la labor de San Rafael, con toda el alma. Cada uno la hará según sus circunstancias personales; pero nadie, insisto, ha de sentirse ajeno a esta labor, que es siempre como la niña de nuestros ojos y -en los momentos actuales- un apostolado importantísimo de cara a la recristianización de la sociedad civil