Julio 1993
Como afirmaba nuestro Padre, todos somos capaces de cometer los errores y los horrores de la persona más depravada. Pero hay una cosa que me da mucha pena: la envidia. No os parece una locura? Entristecerse ante el bien ajeno es una solemne tontería. A mí me causa mucha alegría ver las virtudes y los éxitos de los demás, sobre todo de mis hijas y de mis hijos, y doy por ello gracias a Dios. Sin ponerme de ejemplo para nada, pido a Dios que así seamos todos en la Obra. ...