Agosto 1990

Los hijos de Dios en su Obra no hemos de tener preocupaciones personales. Nuestra ocupación constante ha de ser la Iglesia, el Papa, las almas: para mí, en primer lugar, mis hijas y mis hijos; para vosotros, el Padre y vuestros hermanos. Así, cuando presentemos a Dios nuestras necesidades, nuestras alegrías, y, cuando las haya, nuestras penas, sabremos ofrecerlas inmediatamente por estas intenciones que llenan totalmente nuestro corazón.

August 4, 1990 · cdaber