Agosto 1992
Muchas veces al día pido a Dios de modo especial por mis hijas y mis hijos que desempeñan funciones de formación en la Obra. Le ruego que sean leales a su compromiso de ayudar a sus hermanos a ser santos: un compromiso aceptado y vivido con amor y por amor, gastándose sin tasa en un servicio abnegado y constante.