Noviembre 1979
Durante toda su vida, nuestro Padre fue un instrumento fidelísimo en las manos de Dios; también lo es, ya para siempre, en el Cielo, y con mayor eficacia. Ahora, además, como buen Padre, está encantado de ser instrumento nuestro: de que empleemos el ejemplo de s vida y la riqueza de sus enseñanzas para hablar a las almas de las maravillas de Dios.