Marzo 1991
Dios espera,de nuestra tarea profesional realizada con perfección humana, muchos bienes para la Iglesia. Si nos empeñamos en descubrir a diario ese mediterráneo de la santificación del trabajo ordinario, evitaremos la superficialidad o la rutina, rectificaremos a menudo la intención, y emplearemos mejor el tiempo para servir sólo a Dios y a las almas.