Agosto 1991
Algunas veces, al dar la bendición de nuestro Padre -que el Señor esté en vuestros corazones, en vuestros labios…-, añado: y en vuestros nervios, porque hemos de ser personas serenas, dueños de nuestro carácter, sembradores de paz y de alegría; hombres o mujeres llenos de reciedumbre, con voluntad fuerte, decidida y tenaz.