Nuestro Padre decía que una característica de nuestra vida interior es la sencillez: debemos simplificarnos. Y muchas veces nos ponía el ejemplo de las alcachofas, a las que se les quitan las hojas duras de fuera para llegar a su corazón, a la parte blanda.
En la vida interior debemos obrar del mismo modo: descomplicarnos, quitando los que estorba
No os preocupéis. Si sabéis -lo leemos en la Escritura- que no podemos ni pronunciar el Nombre de Jesús con mérito sin su ayuda, todo lo que meditamos en la oración -siempre que se trate de propósitos, afectos e inspiraciones buena- es de Dios. Si esas ideas, además, nos mueven el corazón para acercarnos más a Dios, sin duda viene del Señor.
No penséis que no son de Dios por el simple hecho de que requieren esfuerzo personal, En ese caso, por lo menos, Dios está en su raíz. Además, no nos podríamos esforzar si Dios no nos ayudara, si no nos moviera a realizar ese esfuerzo. Es Dios quien impulsa nuestra voluntad.
Es el diablo el que nos quiere dejar preocupados, diciéndonos: no sabes hacer oración, no sabes hablar con tu Padre… El diablo querría que nos quedásemos intranquilos, inquietos, considerando que no servimos para nada