Nuestro Padre indicó que la novena de la Inmaculada, y otras que podemos hacer, han de consistir en rezar alguna oración más, y sobre todo, en esforzarnos a lo largo de esos días para cumplir mejor las normas. Igual que cuando vivimos el día de guardia. Que haya más vibración en la pelea interior, más humildad, más solicitar ayuda de Dios. El Señor nos brinda su gracia y nosotros hemos de corresponder. Es cierto que Dios nos ofrece sus dones gratuitamente; pero debemos poner al menos el esfuerzo de levantar la mano para recibir lo que nos da. Vamos a hacerlo así durante la novena, pensando en la Santísima Virgen.
Hemos de meter a la Virgen en todo y para todo, conscientes de que Ella nos entregará a su Hijo. Además, por María vamos a Jesús. Que en estos días adelantemos en el camino de la santidad. ¡Y no solamente en estas jornadas, sino siempre, siempre!