Hablando del apostolado de los hijos de Dios, nuestro Padre decía que hemos de ahogar el mal en abundancia de bien. Es una conducta que podemos seguir también en nuestras luchas de cada día. Si descuidamos un detalle de caridad, hay que pedir perdón a Dios y a la persona interesada; y, luego, dar gracias al Señor, que nos va moldeando.