No nos podemos desanimar si, en el examen de conciencia, encontramos siempre más o menos los mismos defectos. Dios nos mira con idéntico amor y con igual paciencia, siempre que luchemos para superarlos. Aceptemos cada día su ayuda, con sincero dolor de corazón, que no se hará rutinario si el amor es siempre nuevo. Y, a pesar de nuestras miserias, venceremos.