En esta civilización de la eficacia, que intenta medirlo todo con resultados tangibles, debemos luchar con más empeño para asegurar siempre el fundamento sobrenatural de nuestra labor: el apostolado no es técnica de hablar de Dios, sino procurar que el Amor de Dios llene nuestra vida y contagiar ese celo a los demás. ¡Eso es lo eficaz!