La paciencia es virtud muy necesaria para alcanzar la santidad. Tendréis ocasión de practicarla siempre, también en el trato con vuestros hermanos. Pero si alguna vez pensáis que debéis ejercitarla muy frecuentemente con ellos, sería señal de que les queréis poco, o de que algo en vuestra vida no va como Dios quiere. Hijos, cuando de verdad hay cariño, apenas se necesita ser pacientes.