Uno de los grandes enemigos de la vida interior y de la eficacia apostólica es el desaliento, el cansancio de luchar una y otra vez contra la misma dificultad o contra los mismos defectos. Para vencerlo,utilicemos la receta que nos ha dejado nuestro Padre: repetir cada día, y muchas veces a lo largo de cada jornada, con obras y de verdad: nunc coepi!, ¡ahora comienzo! Os maravillaréis de los resultados, porque este grito es un ejercicio de humildad y una manifestación de fe,de esperanza y de amor.