En Europa y en el mundo entero, la fraternidad bien vivida ha de ser como la rampa de lanzamiento para recristianizar la sociedad. El combustible que dará empuje a esa tarea apostólica, permitiéndonos llegar muy lejos en nuestro servicio a la Iglesia, es la oración constante, el sacrificio gustoso, el trabajo bien hecho , el cumplimiento sonriente del deber de cada momento