Pax vobis! (Ioann. XX, 19). Así saluda el Señor a sus discípulos, después de la Resurrección, llevando la paz a sus almas. Por eso, si algo nos incita a perder la serenidad interior, recordad que esa actividad, ese trabajo, esos pensamientos no son de Dios. Y hemos de rectificar la intención inmediatamente.