Marzo 1988
Es una clara señal de soberbia la tendencia a disimular las propias faltas, buscando -quizá de modo poco consciente- la falsa paz de estar satisfechos con la conducta personal. Los que obran así olvidan que la verdadera paz procede sólo de Dios, que perdona y llena de alegría a los que procuran comportarse como hijos suyos, y luchan para rectificar sinceramente sus errores.