En todo lo que se refiere a los deseos de santidad y de apostolado, no quiero que mis hijos sean ‘ponderados’. Caminad hacia Dios con toda la fuerza de que seáis capaces. Servid a vuestros hermanos con todo el corazón, ayudándoles a ser santos. Salid en busca de las almas, sin deteneros ante las dificultades. Solamente así seréis verdaderamente felices y vuestra vida se llenará de espléndidos frutos sobrenaturales