Hemos de estar siempre en tensión, para no aburguesarnos interiormente; y, al mismo tiempo, llenos de paz: luchar con afán de superación constante, con vibración de Amor, pero sin nerviosismos, serenos en todo momento. Para armonizar estas exigencias de nuestra vocación, lo mejor es ir siempre de la mano de la Santísima Virgen.