No se puede acabar bien ninguna tarea importante si no se lleva una contabilidad; ni es posible levantar una construcción segura, si antes no se han estudiado cuidadosamente todos los cálculos. Nosotros estamos contribuyendo a esa gran edificación de la Santa Madre Iglesia, con la fidelidad al espíritu de la Obra que nos ha legado nuestro Padre. Hijos míos, para ser fieles, hemos de hacer con la mayor perfección de la que seamos capaces el examen de conciencia: descender a los detalles, llegar a un dolor de corazón sincero y concluir con propósito bien concretos. Así descubriremos si en lago hemos desagradado a Dios y podremos arrancar a tiempo cualquier germen de tibieza. Lucharemos y no se tambaleará nunca ña firmeza de nuestra vocación.