El examen de conciencia bien hecho ha de llenarnos de paz, no de temor. Es un acto de humildad, que nos ayuda a descomplicarnos, como requiere el espíritu de la Obra, y que el Señor premia dándonos el gaudium cum pace de los hijos de Dios.
El examen de conciencia bien hecho ha de llenarnos de paz, no de temor. Es un acto de humildad, que nos ayuda a descomplicarnos, como requiere el espíritu de la Obra, y que el Señor premia dándonos el gaudium cum pace de los hijos de Dios.