Observad (…) vuestra propia conciencia: ¿Cómo es mi confesión? ¿Cómo cuido todos los actos de este sacramento: examen, dolor, propósito de enmienda, sinceridad y claridad en la confesión, cumplimiento de la penitencia? Con estas preguntas, tenéis y materia para vuestra meditación personal y para sacar propósitos bien definidos y eficaces.

Qué desamor el nuestro cuando dejamos para después ese encuentro con Dios, que limpia la conciencia y fortalece el alma con la gracia sacramental. Os pido -¡os lo pide el Señor!- que, con fe, con dolor y con diligencia, recibáis siempre sin retrasos este sacramento de la misericordia divina.