Gratias tibi, Deus, gratias tibi!. Ese clamor de oración unánime ha marcado a la Obra para siempre, desde el momento de su fundación. Dios nos ha demostrado, con esta acción suya en la vida de nuestro Padre que todo en la Obra ha de salir a base de oración y de mortificación confiadas y filiales, perseverantes. Que todo ha de ir precedido, acompañado y seguido por este medio, que sin oración no hay Opus Dei.

Dios ha querido que la Obra se traduzca en un clamor unánime de conversación con Dios, para que produzca fruto eficaz nuestra conversación con los hombres. Este ha sido y será siempre el secreto divino de nuestra eficacia.