Mayo 1983
No os canséis de agradecer a Dios sus constantes beneficios. Ofrecedle en acción de gracias vuestro trabajo y vuestro descanso, vuestras alegrías y vuestras penas, las horas de sueño y las horas de vigilia. Cuanto más agradecidos nos mostremos, más motivos de gratitud descubriremos a lo largo de cada jornada y, en consecuencia, más felices seremos por tener un Señor tan grande y un Padre tan bueno