Todos nos hemos de sentir beligerantes en esta conflagración. Y os lo advierto claramente, aquí no cabe la neutralidad, porque un corazón tibio, dividido, propenso a compaginar sus egoístas comodidades con las enseñanzas y llamadas del Señor, acaba de volver la espalda a Jesucristo y hacer el juego de Satanás. Dios ha suscitado, para regenerar los aspectos caducos del mundo en que vivimos, una estirpe de mujeres y de  hombres, fuertes y decidios, conscientes de sus miserias personales pero totalmente confiados a la fuerza transformadora de la gracia