Pensadlo bien: ¿por qué veíamos siempre tan contento a nuestro Padre, a pesar de las dificultades de todo tipo que encontró en su camino? ¿Por qué aparecen llenos de paz los santos, aun en medio del dolor, de la deshonra, de la pobreza, de las persecuciones? ¿Por qué mis hijas y mis hijos en el mundo entero -contamos con mucha experiencia gracias a Dios- son sembradores de paz y de alegría en todos los caminos de los hombres? La respuesta se dibuja bien clara: porque procuran identificarse con la Voluntad del Padre del Cielo, imitando a Cristo; porque ante lo agradable y ante lo desagradable, ante lo que requiere poco esfuerzo y ante lo que quizás exige mucho sacrificio, deciden ponerse en la presencia de Dios y afirmar con clara actitud: ¿lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero! ¡Ahí está la raíz de la eficacia y la fuente de la alegría!