Ya es tradición en el Opus Dei, comenzando por nuestro Padre, que lleguemos al final de la jornada sin haber podido acabar toda la tarea, a pesar de toda nuestra buena voluntad, que jamás hemos de escatimar. Ahora, desde que nuestro Fundador, con su actividad eficacísima e incesante, nos dirige desde el Cielo, se ha agudizado -gracias a Dios- esa situación: no nos queda un minuto libre. Pero, a la vez, hay tiempo para todo, porque, si queremos, constantemente encontramos al Señor en nuestro trabajo; vosotros en el vuestro; yo, en el mío. Y, con Él, hemos logrado todo, hemos cumplido nuestro objetivo: luchamos para procurar no separarnos jamás de Dios.